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La sofisticación de las estafas con identidades generadas con IA: Un desafío para la seguridad en Latinoamérica

La adopción de Inteligencia Artificial generativa ha reducido las barreras de entrada para los ciberdelincuentes, creando un escenario crítico donde la tecnología que impulsa la innovación corporativa es también el motor de los fraudes más complejos. Los expertos advierten sobre la suplantación de identidad mediante IA y cómo las empresas deben evolucionar hacia pruebas de 'vida real' para combatir estas amenazas.

Tabla de contenido

La seguridad en Latinoamérica se enfrenta a un desafío sin precedentes. La adopción masiva de Inteligencia Artificial (IA) generativa ha reducido drásticamente las barreras de entrada para los ciberdelincuentes, creando un escenario crítico donde la misma tecnología que impulsa la innovación corporativa es hoy el motor de los fraudes más complejos. Según el reciente Informe sobre Fraude de Identidad 2025-2026 de Sumsub, a nivel regional se registró un aumento del 180% en fraudes avanzados que utilizan técnicas de engaño e identidades generadas con IA. Esta profesionalización del delito ha puesto en jaque a los sistemas de seguridad tradicionales.

Los ciberdelincuentes ya no necesitan robar o falsificar un documento físico, sino que logran vulnerar las plataformas insertando videos falsos directamente en las aplicaciones financieras para engañar al sistema y simular que están operando en vivo. A esta amenaza se suma un incremento del 155% en estafas por ingeniería social, tal como lo advierte el Informe de Tendencias de Fraude Bancario Digital 2026 de BioCatch. El cruce de estos reportes expone cómo el impacto de esta evolución criminal golpea fuertemente a diversos mercados de la región.

En Chile, la tasa de fraude de identidad se disparó un 148% y la actividad de malware creció un 57%. En Colombia, los intentos de toma de control de cuentas aumentaron un 188% empujados por un alza del 77% en deepfakes. Mientras que en Argentina, a pesar de una caída del 20% en el volumen general de incidentes, los ataques se volvieron mucho más peligrosos, registrando un crecimiento del 183% en estafas de ingeniería social y un aumento del 66% en el uso de deepfakes.

La sofisticación de las estafas

Hoy, un deepfake financiero no es necesariamente un video hollywoodense de un CEO ordenando transferencias millonarias. En la escala operativa cotidiana, los ataques son menos espectaculares, pero altamente efectivos: selfies falsas para abrir cuentas bancarias, documentos sintéticos inyectados digitalmente en los sistemas y audios clonados (vishing) para engañar a los operadores telefónicos de los call centers.

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A nivel regional, el riesgo es crítico para bancos, fintechs, billeteras virtuales, plataformas cripto, sitios de gaming y portales de gobierno digital. Los ciberdelincuentes combinan fotografías impresas, máscaras 2D/3D y cámaras virtuales para vulnerar los procesos de onboarding (alta de clientes). El fraude se trata de fabricar identidades humanas desde cero; frente a medios sintéticos y deepfakes que burlan los reconocimientos faciales básicos, nuestra única defensa es certificar de manera irrefutable que hay una persona viva interactuando en tiempo real del otro lado de la pantalla.

El cambio de paradigma

Este cambio de paradigma demuestra que el ecosistema del fraude en la región ha entrado en una era de profesionalización, donde los delincuentes ya no buscan inundar los sistemas con ataques masivos y descuidados, sino que invierten tiempo y recursos en perfeccionar identidades sintéticas hiperrealistas generadas por IA. Para las organizaciones de la región, comprender que se enfrentan a un enemigo invisible y altamente automatizado es el primer paso crítico; ignorar la precisión de estas nuevas herramientas no solo expone a las empresas a pérdidas económicas y daños reputacionales severos, sino que redefine por completo las reglas de la confianza digital en Latinoamérica.

La necesidad de evolución

Sebastián Stranieri, CEO de VU, señala que ‘nuestra única defensa es certificar de manera irrefutable que hay una persona viva interactuando en tiempo real del otro lado de la pantalla’. Esto requiere una evolución hacia pruebas de ‘vida real’, donde las empresas deben adoptar nuevas estrategias de seguridad que puedan detectar y prevenir estas sofisticadas amenazas. La seguridad en Latinoamérica debe adaptarse a este nuevo entorno, donde la tecnología es al mismo tiempo una herramienta de innovación y un instrumento de fraude. Solo mediante la adopción de soluciones de seguridad avanzadas y la colaboración entre las empresas y los expertos en seguridad, podremos combatir efectivamente estas amenazas y proteger la confianza digital en la región.

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