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Kaspersky advierte que compartir dudando amplifica las fake news y aumenta los ciberriesgos

En el marco del Día contra las Fake News, Kaspersky alerta que reenviar información con dudas o frases de advertencia sigue alimentando la desinformación. El estudio revela brechas en la identificación de noticias falsas en América Latina y destaca cómo la confianza en el remitente y la manipulación emocional facilitan fraudes y robos de datos.

Tabla de contenido

El mito de la advertencia previa en la difusión informativa

En un entorno digital donde la velocidad de transmisión de datos supera con creces la capacidad de verificación humana, la dinámica de compartir información en redes sociales y aplicaciones de mensajería ha evolucionado de manera preocupante. Kaspersky, en conmemoración del Día contra las Fake News que se celebra el 21 de agosto, ha lanzado una advertencia crucial que redefine la responsabilidad del usuario promedio en internet. La entidad de ciberseguridad destaca que la práctica común de reenviar contenidos acompañados de frases como “no sé si sea cierto, pero lo envío”, “me lo mandó alguien conocido” o “por si acaso” no exime al usuario de su papel como agente activo en la propagación de la desinformación. Lejos de cumplir como un freno necesario, estas disclaimers informales resultan insuficientes para detener el ciclo viral, ya que el contenido sigue ganando alcance y visibilidad, llegando a nuevos receptores que pueden carecer de esas mismo advertencias contextuales. La desinformación ya no depende exclusivamente de los creadores originales de noticias falsas, sino que se sostiene gracias a una red masiva de usuarios que, movidos por la inmediatez o la preocupación, actúan como amplificadores involuntarios, manteniendo viva la falsedad incluso cuando existen dudas sobre su veracidad.

La trampa de la confianza interpersonal y la brecha de identificación

Uno de los factores psicológicos más explotados por los ecosistemas de fake news es la.transferencia de confianza. Cuando un usuario recibe información de un familiar, un amigo, un compañero de trabajo o un grupo de confianza consolidado, existe una tendencia natural a asumir que la fuente ha validado previamente el contenido. Esta asunción es errónea y peligrosa: es altamente probable que la persona que envía el mensaje tampoco haya verificado el origen, habiéndolo recibido a su vez de una tercera parte en una cadena sucesiva de reenvíos no confirmados. Este fenómeno es particularmente relevante en América Latina, donde el estudio Lenguaje Digital de Kaspersky ha detectado una brecha crítica entre el conocimiento teórico y la práctica real. Los datos revelan que, aunque el 71% de las personas afirma saber qué es una noticia falsa, solo el 56% considera capaz de identificarla en situaciones reales. Esta discrepancia se agrava al observar que un 37% asegura tener una capacidad “más o menos” para detectarla y un 7% admite directamente no saber identificarla. Esta vulnerabilidad cognitiva aprovecha los canales de comunicación más íntimos y rápidos, como los grupos de mensajería y las redes sociales, donde la inmediatez y la cercanía emocional dificultan el ejercicio del pensamiento crítico y la investigación independiente.

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Manipulación emocional y la distorsión del contexto digital

La capacidad de una fake news para viralizarse no se basa únicamente en su contenido, sino en cómo este manipula el entorno emocional y el contexto del receptor. Los creadores de desinformación emplean estrategias psicológicas diseñadas para provocar reacciones viscerales como el miedo, la indignación, la sorpresa extrema o una sensación urgencia inminente. Mensajes que instan a “compartir antes de que lo borren” o “avisar a todos los contactos” buscan acortar el tiempo de reflexión racional, forzando al usuario a actuar por impulso. Cuando este contenido llega a través de contactos conocidos, la confianza depositada en la persona se traslada automáticamente a la información, anulando los filtros de escépticismo. Además, el formato en que se presenta la información suele estar deliberadamente alterado; capturas de pantalla, fragmentos de videos o audio reenviados carecen de su contexto original. Una imagen puede haber sido modificada, corresponder a una publicación antigua o mostrar solo una parte del mensaje completo, creando una narrativa falsa que, al ser compartida de persona en persona, acumula una apariencia de legitimidad y credibilidad artificial que resulta difícil de desmentir para el receptor final.

Consecuencias más allá de la desinformación: el riesgo de ciberseguridad

Las implicaciones de compartir información no verificada trascienden el mero perjuicio de estar mal informado; en el ecosistema de la ciberseguridad, la desinformación se ha convertido en una herramienta táctica para ataques digitales sofisticados. María Isabel Manjarrez, analista Senior de Seguridad del Equipo Global de Investigación y Análisis para América Latina en Kaspersky, explica que la facilidad de compartir información transformaa cada reenvío en un potencial vector de ataque. La confianza engendrada por una noticia falsa o una alerta alarmante se utiliza como caballo de Troya para persuadir al usuario de realizar acciones de alto riesgo, tales como hacer clic en enlaces maliciosos, descargar archivos infectados, entregar credenciales de acceso en formularios falsos o realizar pagos fraudulentos. Este tipo de contenidos puede afectar seriamente la reputación de organizaciones e individuos, generar alarma social infundada y servir como puerta de entrada fraudes complejos. Cuando un contenido falso logra comprometer la atención del usuario, las probabilidades de que este caiga víctima robo de información personal o financiera aumentan exponencialmente, convirtiendo a cada enlace compartido en una posible brecha de seguridad.

Estrategias de verificación y protección frente a la desinformación

Para mitigar estos riesgos y detener la cadena de desinformación, los expertos de Kaspersky establecen un protocolo de acciones pragmáticas basado en la verificación proactiva y la protección técnica. La primera regla ineludible es abstenerse de compartir cualquier contenido que genere dudas; agregar frases de advertencia no elimina el riesgo ni protege al receptor, por lo que la mejor estrategia es detener la cadena hasta corroborar los datos. Se recomienda salir del entorno de la conversación, abandoning la aplicación de mensajería para buscar la información desde cero en navegadores web, consultando canales oficiales o medios de comunicación reconocidos por su rigor. Si el hecho noticioso es de gran magnitud, es probable que exista cobertura amplia y verificada que confirme o desmienta la versión fragmentada recibida. Asimismo, es imperativo buscar la publicación original de cualquier captura de pantalla, audio o video, verificando la fecha de publicación y la autoría original, ya que noticias reales con años de antigüedad suelen reciclarse con fines engañosos. Finalmente, la defensa técnica es esencial: mantener los dispositivos actualizados, utilizar contraseñas únicas para cada cuenta, activar la autenticación de dos factores y emplear soluciones robustas de seguridad, como Kaspersky Premium, que detectan sitios de phishing, enlaces peligrosos y amenazas ocultas preventivamente, asegurando que la curiosidad o la urgencia no terminen comprometiendo la integridad digital del usuario.

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