
El problema no es el electrodoméstico, sino cómo lo hemos colocado
Hay decisiones pequeñas en casa que no parecen importantes hasta que pasan factura. Un electrodoméstico encajado al milímetro puede quedar precioso en la cocina, pero si le robas el aire que necesita para respirar, acabas pagando más luz, escuchando más ruido y viendo cómo su rendimiento cae sin un motivo aparente.
Las consecuencias de la colocación incorrecta
Si colocas un frigorífico, una secadora, un lavavajillas o incluso un microondas encastrado, es fácil pensar que mientras cierre la puerta y no roce, todo está bien. Pero el problema es que muchos aparatos necesitan espacio de ventilación para sacar el calor que generan.
Si no lo tienen, ese calor se queda atrapado en la parte trasera o en los laterales, y el electrodoméstico se ve obligado a trabajar más tiempo o con más intensidad para lograr el mismo resultado.
Las pistas para detectar la colocación incorrecta
Si notas que el lateral del frigorífico está demasiado caliente, que la parte trasera parece un radiador, que la cocina se calienta alrededor del mueble o que la secadora echa aire caliente a lo bestia por donde puede, algo no está respirando bien.
Otra señal típica es el sonido: ventiladores funcionando más rato, zumbidos más frecuentes o un compresor que parece no descansar.
¿Qué puedes hacer para evitar este problema?
No hace falta dejar un pasillo detrás del electrodoméstico, pero sí respetar el mínimo recomendado por el fabricante. En muchos casos, hablar de unos pocos centímetros ya cambia la película: aire que entra, calor que sale y electrónica que sufre menos.
Revisa tres cosas: la parte trasera, los laterales y la salida inferior o superior de aire (según el tipo de aparato). Si el electrodoméstico está encastrado, asegúrate de que el mueble tiene vías de ventilación reales y no solo estética.
Fuente original: Xataka Smart Home